ECOLOGIA POLITICA

Educar una Conciencia Ecológica




Educar la conciencia ecológica constituye una de las principales prioridades humanas para hacer frente a la actual crisis civilizatoria. La complejidad de una idea o la acumulación de todos nuestros conocimiento contemporáneos no significan nada si se prescinde del cuidado de nuestro único hogar común. Tal vez el oscuro fantasma de la desidia y el cegador efecto de la indiferencia, sean los testigos del fin de nuestra especie si en el corto plazo los líderes mundiales no terminan de consensuar soluciones inmediatas. Durante los dos últimos siglos, especialmente en las últimas décadas, el modelo expansionista de consumo capitalista, pareció actuar bajo un patrón de germen cancerígeno para nuestro planeta,   creando ciudades tumorales por doquier, invadiendo y desahuciando los vínculos vitales de los ecosistemas, explotando, usando y abusando de los recursos de la naturaleza. Me pregunto en qué momento nos convertimos en un padecer para nuestro planeta, en qué momento olvidamos las profundas raíces que manteníamos con las fuentes naturales que nos dieron la vida misma. 



Engañados



       Ahora, este profundo respeto por el entorno ambiental, está presente como forma de vida, solo en algunas culturas llamadas burdamente "primitivas" o "no civilizadas". Gran paradoja! Aquellos pueblos estigmatizados y marginados a través de la historia, son los que sostienen la clave de una sustentabilidad casi sin límites, y nosotros, los llamados civilizados, fuimos los primeros en iniciar una cuenta regresiva que pone en jaque a nuestra propia especie. ¿Existe acaso la auto-extinción? ¿Existe el socio-suicidio? No pretendo apoyar el pensamiento regresivo que pretende que "volvamos a los árboles", pero si debemos advertir la glamorosa tecnolatría y mercadolatría que ha esclavizado la cotidianidad de los hombres contemporáneos. También resulta una gran paradoja el hecho de considerarnos reyes, amos y líderes de la comunidad biológica sin siquiera comprender adecuadamente nuestra inextricable y profunda relación con la tierra. El pensamiento de occidente, eurocentrado (herederos del bagaje cultural medieval y de las ideologías judeo-cristianas y greco-romanas) fue configurando visiones sociopolíticas, socioeconómicas y modos de interpretar la realidad que se fueron alejando cada vez mas de una forma de vida que incluyese perspectivas ecológicas. En este escenario contemporáneo es sumamente difícil convencer a todos nuestros líderes políticos, de que incluyan en sus agendas las urgencias y necesidades ecológicas de nuestro planeta. Esto parece deberse a que responden a un sistema para ellos mayor, más real e inteligible: el mundo corporativo-empresarial y global-financiero. Un sistema que también ha moldeado y modelado nuestras propias formas de vida. Ironía suprema, que en este momento este escribiendo sobre las injusticias de un sistema que por más que sea renuente y reacio a su dinámica, me ha producido e influido en varias formas. En el banal deseo de consumir tal o cual producto, motivado por el ineluctable placer de los sabores y las texturas, inmerso en la perplejidad de las seductoras imágenes y de las apariencias ilusorias. Nos han enseñado a ver con los ojos cerrados. Fuimos entrenados para admirar las artificiosas formas del exitismo, compensados por los resultados de la competencia salvaje y el materialismo irreflexivo. Fuimos educados para escuchar los ecos vacíos del sinsentido, asimilando las ideologías genéricas y digeridas de generación en generación, ideologías momificadas y herrumbradas en el tiempo. 




El pesimismo no es opción




       Al lector pesimista o al pensador cínico, que sin duda han encontrado argumentos suficientes en este escrito para seguir pensando de esa manera, les digo sinceramente y directamente que el pensamiento pesimista, constituye un lastre degenerativo de la historia de las ideas: productores de parálisis motriz y podredumbre mental; motivadores de visiones simplistas, reduccionistas y mutilantes. Este pensar invalidante, produce verdaderos estorbos para aquellos que resisten con fortaleza y convicción los embates de esta modernidad líquida. Muchas veces podemos detectar esta clase de pensamientos encarnandose en el discurso de algunos sujetos,  siempre portando la cobardía y la debilidad en cada uno de sus frases: "No se puede hacer nada"..."Lo que haga no sirve de nada"..."Todo va a seguir igual"..."Nada va a cambiar"..."A nadie le interesa, entonces a mi tampoco"..."A nadie le importa"..."Si nadie lo hace, yo tampoco"... Son pobres reflejos de la opinión de las multitudes, promulgadores de la desesperanza degradante, son meras sombras de los discursos fríos y estáticos, no son más que desalmados productos de las circunstancias banales que repiten y reproducen las realidades que ellos mismos repudian con sus quejumbrosas críticas. Pero no hay mejor viento que el contrario para hacer que el ave vuele altiva. No hay mejor desafió que aquel que exige una entrega genuina a una causa justa y plena de sentido.



                                                                                                   Adonay Alaminos





CURSO INTRODUCTORIO A LA ECOLOGIA POLITICA: Ing. Carlos Merenson












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