MARX TENÍA RAZÓN: HACIA UNA TRANSICIÓN CIVILIZATORIA Y FIN DE LA NECROPOLÍTICA

Los reyes del "mundo libre" están desnudos. Las potencias liberales que promulgaban a los cuatro vientos las virtudes de un capitalismo desregulado son justamente las zonas más golpeadas por la pandemia. EE.UU y Europa, las mecas del liberalismo económico, político y cultural, colapsan. De la misma manera, Chile, Brasil y Ecuador, comandados por liberales entregados a la racionalidad del capital antes que a la vida de sus pueblos, son los países mas afectados en nuestra región. Mientras tanto, China vuelve a reactivar su economía y poco a poco retoma su funcionamiento cotidiano. Los sistemas organizacionales asiáticos están política, económica y culturalmente capacitados para afrontar emergencias de este tipo: poseen un estado presente y una sociedad integrada. Napoleón tenía razón: El gigante de oriente se despierta y el mundo tiembla. Marx tenía razón, el 99% de los ciudadanos del mundo reaccionan frente al 1% por ciento que acumula la mitad de las riquezas de todo el planeta. La gran mayoría de los ciudadanos exigen un fortalecimiento de las instituciones que regulan la vida y la muerte de los pueblos. La necropolítica, en tanto mera administración de la miseria de las grandes mayorías encontró ya sus límites, los pueblos ya no soportan que se siga ejerciendo una democracia liberal meramente formal. De lo que se trata ahora, es de desarrollar una política de contenido material, participativa, intercultural y transmoderna, que vuelva asegurar el bienestar biopsicosocial de sus pueblos.   




Zizek piensa que el coronavirus es el golpe definitivo que hará desplomar finalmente al capitalismo, pero se equivoca. El capitalismo no se acabará por lo menos en el transcurso de este siglo, ni tampoco se intensificará como expresa Byung-Chul Han, pero inevitablemente mutará en una especie de economía keynesiana mundial, en el marco de intensas disputas de poder entre las élites globales y los pueblos de la tierra. El mundo ya no tolera que se siga imponiendo el criterio de la racionalidad capitalista, es decir, ya no tolera el principio del aumento de la tasa de ganancias a costa del empobrecimiento y degradación de las condiciones de vida de las poblaciones. El principio de racionalidad capitalista debe ser así subsumido bajo el principio fundande de la propia vida humana, integrada a su vez bajo criterios ecológicos. 

El relato del establishment se hace pedazos, la "policía del mundo", el juez absoluto que imponía "libertad y democracia" con sus ejércitos en cada rincón del planeta, no tiene ni la capacidad de asegurar el orden y el bienestar en su propio territorio. Hollywood siempre intentó forjar un imaginario inexistente. Esa imagen de salvador del mundo no era más que una máscara que ocultaba un régimen de acumulación que no hacia más que degradar las condiciones que hacen posible la vida. El modelo propuesto por las potencias europeas y norteamericanas se deshace como un castillo de naipes. Se devela la gran farsa nórdica y occidentalocéntrica.  

El mundo está experimentando de forma simultánea la consternación de una crisis global como nunca antes en la historia. Esto dejará sin duda una marca civilizatoria, una huella capaz de acelerar los procesos de transición organizacional hacia un modelo de civilización de nuevo tipo. Un proceso que se irá gestando a lo largo del transcurso del siglo XXI y que quizás logre su consolidación en el siglo XXII. Esa son las exigencias que vivimos en la nueva era del Antropoceno. 



Cuando la fragilidad del hielo donde posamos nuestros pies empieza a resquebrajarse, la velocidad de nuestro ritmo comienza a acelerar. Ese es el vértigo de nuestra contemporaneidad. En ese caminar, se dibujan alrededor de nuestros pies dos sombras superpuestas, las sombras del pasado y del futuro. Vivimos así la perplejidad de los tiempos actuales, desgarrados entre lo que aún no deja de ser y lo que aún no es, caminando sobre el vértigo de un tembladeral. Efecto inevitable de ser un animal loco, que en su locura inventó la razón, la herramienta y la metáfora. Esa fue la tragedia del ser humano, que emancipándose de su medio estimúlico inmediato  abrazó la gesta de su permanente trascendencia. Esa fue su tragedia pero también su milagro. La humanidad vive así este impasse entre la maravilla y el horror, y le exige responder a la pregunta mas simple de todas: ¿Colapso o metamorfosis? 

Este capitulo de la historia, solo se responde de forma colectiva... 



Adonay Alaminos

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